(Solidaridad) “Incendios, buses y dos indómitas voluntades enjauladas” por Invierno

/ y esos malditos se van, multitud que siempre crece/de tenebrosos fantasmas a las puertas de los ricos. /Y yo me junto con ellos para apalear soplones:/y camino por París, con el mazo al hombro, /y en cada esquina, feroz, voy barriendo a algún canalla”…/

El Herrero / Arthur Rimbaud.

¿Acaso un bus del transantiago no es más que un transporte de esclavos modernos? Un ataúd  metálico que transporta masas de carnes inertes, de un  extremo a otro de la ciudad, mientras sus ruedas de petróleo van dejando una estela que dibujan la forma de la locura. Una locura que no para, que no cede, cuyo ritmo es el bip de las tarjetas contra el validador. Entonces ¿Alguien podría escandalizarse por ver esa injuria en llamas?

Pero aún así se escandalizan, chillan con una estrepitosa algarabía frente a la imagen de un bus abrazado por las llamas. Y claro, como las casualidades no existen, tras cada bus incendiado  existen rostros, nombres e historias de culpables. Y frente a esas vidas y cuerpos el imperio de la ley debe imponerse, con mano dura, no con mano justa, sino con la dureza de los grilletes, del acero que apretuja la piel y hace del corazón una caja fuerte.

Y en esta larga  y  triste franja de  tierra se queman buses, y  vaya que arden con regularidad.  Fuera de las universidad tras la estelas de salidas de encapuchados, en puntos de la periferia en alguna  fecha que conmemora a nombres que el olvido aun no puede tragar,  o poniendo el broche de oro al reguero de vandalismo tras una marcha estudiantil. Lo cierto es que estas maquinas han sido blanco del desborde de cierta rabia luddista, una herencia histórica de las maquinas machacadas con los sabots, del reventar de los relojes parisinos en la comuna, el encender de templos por parte de los milicianos del 36, es cierto, que un bus en llamas no cambiara el paupérrimo devenir de la ciudad y sus habitantes,  pero es una señal de que en este paraíso neoliberal no todo marcha viento en popa.

Los métodos de protestas se comparten como secretos, están prohibidos, pero aún así  llegan a distintas personalidades. A comienzos de Junio los choferes del Transantiago de la línea 400  iniciaron un proceso de huelga. Como en todo movimiento autónomo, sobraron quienes decidieron trabajar y posicionarse frente al patrón, bueno a ellos y las máquinas que conducían recibieron golpes y pedradas, e inclusive ardieron dos buses, sin que se encontraran a los culpables.

Y la noche del 7 de abril una enorme hoguera se erigió por las calles de Estación central. Un bus del recorrido 210, que transporta proletarios de un punto a otro de la ciudad, termino completamente calcinado. La policía captura a dos personas, encubriéndose en el reconocimiento del chofer de la maquina, los lleva a la comisaria. Luego al centro de injusticia y tras un ejercicio de dramaturgia, ambos quedan en prisión preventiva. Natalia Collado y Javier Pino, son sus nombres. Las muestras de solidaridad combativa y de profundo afecto han tomado las más diversas formas y se manifiestan con pulso propio en distintas latitudes.

Los/as compañeros han estado a la altura de las circunstancias. Natalia, también conocida como Tato por sus cercanas/os, y Javier han dejado clara su posición de lucha en contra forma de autoridad. Desde la cárcel  sus palabras nos llevan  sus convicciones y nos afectamos con ellas. Deseamos con cada milímetro de nuestra piel su libertad. Con cada expresión de nuestro organismo, con cada pulso de la tierra. Aquella que deseamos que con agriete cemento de las celdas.

Me embarga la incertidumbre al pensar que , quizás en alguna mala broma de la vida, uno de los choferes que protestaba en contra de sus condiciones de miseria, pudo haber conocido o ser un amigo del mismo chofer que reconoció a los/as compañeros/as como supuestos culpables. Que quizás el mismo hombre luego estuvo protestando en contra de su misma explotación pero condeno a otras/os.  En un tiempo pasado me habría tragado esa estupidez gigante, digna de pudrirse en cabeza de imbéciles, de que los trabajadores son sumisos por gustos…Hoy quiero creer que no. Que las cosas son más complejas que piezas de ajedrez sobre un tablero que oscila entre posiciones negras o blancas.

 Queda poco para que termine el plazo investigativo del caso de los compañeros y deban enfrentar uno nuevo alargando su prisión preventiva o en cambio comenzar el proceso de preparación de juicio oral (Esta semana). En estas circunstancias en donde nuestro apoyo como compañero debe manifestarse sin medias  tintas. Es bajo estas circunstancias en las cuales nos gustaría recordar  las palabras de la compañera Tato:

“ unx compañerx cuando pasa a prisión y por ende a ser unx presx tiene como primer sustento a sí mismx, a sus convicciones, pensamientos, ideas, sentires, y su amor propio, su individualidad, lo cual es fundamental a la hora de enfrentar a un lugar tan feo y decadente como la cárcel, pues somos nosotrxs mismxs nuestra fuente de fuerza. Pero ocurre de repente que nuestros oídos u ojos se topan con gestos, iniciativas, acciones por nosotrxs y ese momento en que se siente como un abrazo, en donde el pecho se hincha y sale la infaltable sonrisa, es cuando se trasciende los muros de la cárcel y toda esa individualidad de la/el presx asi una se llena de más fuerza y reafirmación. Comprendo ese momento como una complicidad porque sabemos que seguimos luchando”.

Desde El Anárquico les envíanos un afectuoso abrazo a los/as compañeras/os y las/os esperamos  acá en la kalle para seguir luchando.

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