Ni un centímetro de tolerancia al cariño malo.

Sobre la necesidad de combatir los celos

Silvana Sepúlveda Durán ha muerto. Su vida cesó a la edad de 41 años. Recibió golpes con un palo hasta morir. Fue encontrada muerta en la casa que habitaba junto con su hijo de tres años y su pareja Francisco Marchant Marchant de 64 inviernos. Este último fue quien le propinó los golpes para luego quitarse la vida él mismo. Silvana se convierte en la quinta mujer en ser asesinada por su pareja. Su nombre graba el quinto femicidio del calendario gregoriano.

El asesino de Silvana tomó su vida por celos. La posesión se tradujo en muerte. No Pudo haber sido de otra forma. La idea de que Silvana pudiera sentir afecto por otra persona se considera una razón suficientemente grande para quitarle la vida.

Días después dos inmigrantes de origen colombiano fueron atacadas por quienes eran sus parejas. Una de ellas fue brutalmente asesinada, descuartizada y sus restos lanzados a un río. Se le pudo identificar por los tatuajes que llevaba en su cuerpo. El asesino postuló a los celos como la causa de su crimen. Otra inmigrante recibió un balazo en el rostro. Su agresor acusó la existencia de celos.

Según las cifras oficiales durante el 2015, fueron asesinadas 45 mujeres a manos de hombres que eran sus parejas (o lo fueron en un pasado). Una horrorosa cifra que no alcanza a contener todo el dolor de la asesinadas y deja al descubierto una de las lógicas de la sociedad patriarcal: las mujeres se pueden poseer y pueden ser asesinadas a voluntad de sus parejas, por distintos motivos y circunstancias e inclusive tienen el derecho a decidir sobre su derecho a la vida.

images

También dentro de nuestra sociedad machista y heteronormada existen otros dispositivos y conductas que oprimen y acosan a las mujeres sin necesariamente llegar a la muerte biológica. No matan pero su sola presencia sigue sosteniendo las cadenas, materiales o invisibles a determinado modelo de no vida. Una amenaza constante sobre el cuerpo. Siguen atando cuerpos oprimidos al miedo, a la inseguridad, a una sensación de constante acoso. Si eres chiquilla debes dar por cierto que serás acosada por la calle, que sujetos de todas las edades y clases sociales se sentirán seguros de gritarte lo primero que se les venga en mente y entre más alusiones a la dominación sexual vomiten mejor se sentirán.

La calle no es tan sólo pavimento adornado con señaléticas, se vuelve un campo de batalla así como también los espacios más reducidos. Donde los cuerpos están en mayor contacto y la escapatoria no es posible, tales como micros y vagones del metro, donde nunca sabes si el tipo que está alrededor tuyo te roza con sus manos o pene por el vaivén del carro o por solo gusto. Por creer que puede hacerlo y porque le importas una mierda.

Los espacios privados tampoco están libres de esta peste. La mayoría de los abusadores son personas conocidas por la víctima. Miembros de su núcleo cercano. Amigos, hermanos, tíos, padres, abuelos o parejas son las personas que mayores abusos de índole sexual y emocional incurren contra las niñas. Basta de escuchar a nuestras amigas, casi siempre conoceremos a alguna chica que sufrió violencia sexual de parte de un cercano.

De seguro si hilamos más fino encontraremos acerca de las diferentes formas de comprender y leer el consentimiento en los cuerpos frente a prácticas sexuales- Como muchas veces damos por entendidas ciertas cosas que no lo son, como creemos que cosas que pasaron una vez pueden pasar siempre o como ponemos nuestro placer sexual y egoísmo por sobre la comodidad de una/un otra/o. Urge problematizar, cuestionar y expandir nuestras miras críticas y mutadoras hacia diferentes comportamientos que pululan en nuestra existencia.

 

¿De dónde viene esta idea de que los hombres pueden tomar la vida de las mujeres?

Desde la antigüedad la sociedad ha sido organizada para beneficiar a los hombres en desmedro de las mujeres y otras identidades de género. Los cuerpos bio asignados como masculinos fueron asociados a los puestos de Poder dentro del Hogar como también fuera de él, en la política, la guerra, la economía, la justicia, etc. En contraste para las mujeres quedaron las labores asociadas a la servidumbre, el cuidado del hogar y los hijos, el puesto de esposa abnegada, fiel y silenciosa, etc.

Para las identidades de géneros disidentes, tales como homosexuales, lesbianas, transgéneros, entre otros, quedó la vergüenza pública, la humillación, una vida en silencio hasta la cárcel y la ejecución pública. Se comprende que Históricamente los hombres como grupo social, de forma individual y colectiva, han oprimido a las mujeres y otras identidades de género para apropiarse de su autonomía, cuerpos, su fuerza productiva y su capacidad de reproducción por medio pacíficos o mediante el uso de la violencia.

El hombre, como género e idea, se convirtió en la autoridad. Creó instituciones que le permitieron conservar ese puesto de privilegio, poder y dominación, tales como el Estado y la Iglesia, y estas mismas instituciones se han perpetuado históricamente por medio de discursos y prácticas que perpetúan la opresión de mujeres e identidades sexuales en disidencia.

 

Sobre los celos y la importancia de combatirlos con la misma ferocidad que se combate a la policía.

“Los celos son lo opuesto al entendimiento, a la simpatía, a un sentimiento de generosidad. Los celos no le aportan nada al individuo, no lo hace grande y fino. Lo que hace es cegarlo con ira, atormentarlo con sospechas y herirlo con envidia.”

Emma Goldman.

La mayoría de los femicidios son presentados como crímenes pasionales, vaciando la carga política de estos crímenes, y se comunican como sucesos que se escapan de la lógica, advierten que se comenten por los impulsos del corazón ¿Acaso las pasiones no son políticas? ¿Acaso la forma en que nos afectamos a otras no es parte de una forma de enfrentar al mundo? La mayoría de los femicidios son alentados por los celos.

Desde pequeñas nos han enseñado que los celos van de la mano con tener sentimientos hacia otra persona. Casi aprendimos a aceptarlos como parte de nuestro desenvolvimiento amoroso, incluso se atrevieron a advertirnos que frente a la ausencia los celos debíamos de desconfiar acerca de la naturalidad de nuestros sentimientos. Crecimos junto a ellos y en los corazones de algunos de nosotros hicieron estragos.

¿Qué son los celos? Son una respuesta emocional cuando una persona percibe algún tipo de amenaza hacia lo que considera como propio. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la “persona amada” preste atención en favor de otra.

Nuestra educación afectiva basada en el amor romántico, la heterosexualidad y la monogamia han hecho de los celos sea parte intrínsica de las relaciones afectivas normalizadas. Los celos expresan egoísmo, dominación, control y la apropiación del cuerpo y el tiempo del ser con que nos afectamos.

A menudo se nos enseña que el amor es un juego de parejas y en los cuales los participantes, tal como los caballos esclavos de los carruajes, deben cargar con biceras que no le permitan apartar la mirada del acompañante de baile. La integración de un/a tercero/a a este baile, a menudo se le considera una traición, una deslealtad y está estrictamente prohibido.

Los celos nos hacen re encontrarnos con aquellas personalidades que no queremos ser. Pero nuestros miedos e inseguridades parecen ser , en ocasiones, mucho más fuertes y nos hacen cometer diversos comportamientos que buscan sofocar y no dejar escapar las relaciones de cariño que mantenemos con un/a otro/a. Desde pequeñas revisadas de celular o mensajes de internet a escondidas, preguntas hacia donde se va, con quien se verá, el chantaje emocional, negarnos a que esa persona vea a otra, salga con sus amigas/os, malas caras, retos y comentarios dirigidos a bajar la autoestima, hasta golpes, alejamiento de sus cercanos, violencia sexual y matar a esa persona porque creemos que nos está “cagando”, que nos es “infiel”. Y allí la sangre se derrama.

Aquí no se trata de sentirnos y hacernos los seres completamente liberados. Aquello sería dispararnos a los pies. Todos hemos sentido celos y lo más probable es que aparezcan en nuestro interior en algún momento. Debemos enfrentarlos y combatirlos. Buscar su origen, deshilachar el entramado que los sustenta y comprender que el afecto cuando se comparte este no se destruye, sino que muta y se multiplica.

Los celos matan. Hay que combatir esa idea de que los celos son naturales o representaciones de cariño. Los celos son expresión de relaciones de Dominación, dependencia y posesión. Y como toda relación basada en la dominación, tarde o temprano, derivará en el control enfermizo o la muerte.
A los celos se les debe combatir con la misma fiereza con que se combate a la policía. Puesto que no son otra cosa.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s